Mencione todos los argumentos que los sociólogos burgueses esgrimen con el fin de justificar el curso de la historia y los conceptos de los que se sirve el capitalismo para perdurar en el tiempo.

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Mencione todos los argumentos que los sociólogos burgueses esgrimen con el fin de justificar el curso de la historia y los conceptos de los que se sirve el capitalismo para perdurar en el tiempo.

Mensaje por Carlos Zambrano el Jue Mayo 14, 2015 8:17 am

De la concepción idealista de la historia, surgía otro defecto más de la sociología pre-marxista. Partiendo de que las  ideas regían el mundo y considerando que los portadores de las ideas eran personalidades ilustres —reyes, grandes capitanes, sabios— los sociólogos anteriores a Marx llegaron a la errónea conclusión de que la historia la hacían sólo estas personalidades. No veían el papel decisivo que las masas populares, los trabajadores, desempeñaban en el desarrollo histórico.
Los representantes de la sociología reaccionaria burguesa y de la concepción religiosa no reconocen la necesidad histórica. Los propagadores de la religión consideran que todo el proceso histórico está predeterminado con inevitabilidad fatal por la voluntad divina, no siendo los hombres más que juguetes ciegos en sus omnipotentes manos. Así, en la Biblia está escrito que sin la voluntad del Señor no cae ni un pelo de la cabeza del hombre.
Los sociólogos reaccionarios burgueses niegan también la necesidad histórica, tergiversando la esencia del desarrollo de la sociedad. Pero caen en el otro extremo, propagan el subjetivismo, la arbitrariedad más Completa en la actividad social. La conducta y actos de los hombres en la sociedad, desde su punto de vista, no están determinados por nada ni dependen de nada. Al mismo tiempo inculpan a los marxistas de que son fatalistas, de que se postran ante la necesidad  histórica y de que afirman  la impotencia del hombre ante las leyes sociales.
En virtud de su limitación de clase, los ideólogos de la burguesía no quieren comprender en modo alguno que la necesidad histórica no sólo no excluye, sino que presupone obligatoriamente la actividad consciente de los hombres. Los hombres no están en condiciones de abolir las leyes del desarrollo social ni, de crear otras, pero pueden conocer estas leyes y la necesidad histórica y, a base de la necesidad conocida, inmiscuirse activamente en el proceso histórico-social.
El materialismo histórico-teoría científica del desarrollo social que señala a la humanidad el verdadero camino hacia un futuro mejor- infunde una rabia y odio acerbos a la burguesía reaccionaria y sus ideólogos. Presa del pánico ante el porvenir e impotente para evitar el movimiento lógico de la humanidad hacia el comunismo, la burguesía procura, al menos, frenar el progreso histórico y prolongar la existencia del régimen capitalista. Para ello recurre a todos los medios imaginables: económicos, políticos e ideológicos. Entre los medios ideológicos ocupa un lugar de bastante importancia la sociología burguesa contemporánea.
Un grupo de idealistas sin disfraz declara abiertamente que no existen leyes históricas algunas, que la historia es un reino incognoscible de caos y casualidades.
Los representantes de la escuela psicológica en la sociología ven la base del desarrollo social en factores psicológicos: en los deseos, voluntad e instintos del hombre. La causa del desorden social y de las calamidades que sufren los trabajadores en la sociedad capitalista estriba, desde su punto de vista, en la imperfección de la psiquis del obrero y no en los objetivos del capitalismo ni en la propiedad privada capitalista. El recurso que los psico-sociólogos proponen para resolver los problemas sociales más importantes es el perfeccionamiento de la psiquis, y no la destrucción del capitalismo.
Los adeptos de la tendencia biológica se pronuncian de palabra por la Sociología científica, pero suplantan las leyes verdaderas del desarrollo social por leyes biológicas, rebajan al hombre al nivel del animal que lucha ciegamente por su existencia. Y lo hacen Con el fin de «fundamentar» mediante leyes «naturales», proporcionadas, según ellos, por la Naturaleza, la explotación del hombre, las guerras de rapiña, el colonialismo, el racismo y otros rasgos repulsivos, por el estilo del Capitalismo.
El negar las leyes más importantes del desarrollo social es también característico para los representantes de la llamada micro-sociología, o, como la denominan también, de la sociología empírica. Los micro-sociólogos no se pronuncian abiertamente contra el conocimiento de la vida social, pero estudian únicamente lo que en la compleja cadena de fenómenos sociales son hechos menudos y sin importancia de la realidad capitalista, sin desear ver tras ellos las leyes intrínsecas del desarrollo de la sociedad, lo que, en esencia, significa renunciar a la ciencia y a afrontar las cardinales tareas sociales de nuestro tiempo.
Al negar el carácter necesario del desarrollo social, los ideólogos de la burguesía tergiversan el curso real de la historia, embellecen el capitalismo y justifican su política reaccionaria interior y exterior.
El carácter anti-científico de la sociología burguesa contemporánea se manifiesta también en la negación del progreso histórico, del desarrollo ascendente de la sociedad.
A este respecto se debe señalar que las opiniones de los sociólogos sobre el carácter del proceso histórico han sufrido serios cambios. En los tiempos en que la burguesía pretendía el poder, Los  ilustradores burgueses hablaron mucho de progreso social. La idea del progreso sirvió a la burguesía de arma para derrocar el viejo régimen feudal y consolidar la sociedad capitalista, más avanzada. Pero la burguesía subió al poder y su comprensión del progreso social se hizo unilateral. Los ideólogos de la burguesía empezaron a ensalzar sin medida al régimen capitalista, a hacerlo pasar por el reino eterno de la libertad y la justicia. Por la encarnación del ideal del progreso, el fin del desarrollo progresivo de la sociedad está alcanzado, declaran los sociólogos burgueses, no hay camino adelante. Les obliga a negar el progreso el miedo que sienten por el futuro, que no permite al capitalismo sino la muerte, el miedo que les infunde el  nuevo mundo comunista.
Los sociólogos burgueses modernos contraponen el término «cambios sociales», con los que procuran abarcar numerosos procesos secundarios que se operan en la sociedad sin influir sensiblemente en la marcha de la historia, a los conceptos «progresos y «desarrollo». Con ello aspiran a distraer la atención de las transformaciones revolucionarias radicales que se producen en nuestros días en la sociedad, minimizar su importancia y rehuir a la solución de los importantes problemas sociales de la actualidad.
La renuncia de los sociólogos burgueses a la idea del progreso social se manifiesta asimismo en numerosas teorías de movimiento cíclico», «estancamiento» y «retroceso» de la sociedad, que propagan insistentemente en la actualidad.
En los años veinte de nuestro siglo proclamó semejante teoría del «movimiento cíclico» el ideólogo del imperialismo alemán O. Spengler, quien pugnó por demostrar en su libro «La decadencia de Occidente» que la sociedad no estaba en condiciones de salir del círculo vicioso, en el que sé sucedían reiteradamente las mismas tres fases: nacimiento-, florecimiento y decadencia. A juicio de Spengler, el capitalismo es el florecimiento de la civilización y la cultura, y si éste muere el destino de la humanidad será de nuevo el salvajismo y la barbarie. De ahí el preconizar que la lucha contra el capitalismo es inútil ¿para qué los hombres van a cambiar lo mejor por lo peor? y el negar la necesidad de la revolución proletaria y del socialismo, que, según él, es imposible, puesto que la sociedad no está en condiciones de pasar a nada nuevo.
En nuestros d fas ha resucitado la teoría del «movimiento cíclico de la historia» el antes mencionado Toynbee, quien niega el desarrollo ascendente universal de la sociedad, tildándolo despectivamente de «ilusión del progreso».
La ciencia y la práctica histórico-social de los hombres refutan las opiniones de los sociólogos burgueses y testimonian que el desarrollo de la sociedad es un proceso histórico natural ascendente que se opera según leyes objetivas, independientes del hombre. La historia de la sociedad es una cadena infinita de desarrollo, de tránsitos revolucionarios de unos regímenes sociales más simples e inferiores a otros más complejos y superiores, basándose el progreso social en el desarrollo y perfeccionamiento de la producción material. De las herramientas más simples, con las que el hombre empezó la lucha por la vida, el palo y la piedra, la producción ha recorrido en su desarrollo un larguísimo camino hasta llegar las perfectas máquinas automáticas y mecanismos dirigidos por la energía de la electricidad y del átomo. Con el progreso de la producción se desenvuelven también otros campos de la vida social.

Carlos Zambrano

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